Bauta Electro · 2026-11-06 · 4 min

Elegir un aire acondicionado por precio es la forma más fácil de equivocarse. Un equipo que se queda corto no consigue enfriar la habitación y trabaja sin parar; uno demasiado grande se enciende y se apaga constantemente, consume más y deja un ambiente húmedo y poco confortable. Antes de comparar modelos conviene responder a tres preguntas: qué potencia necesitas, qué tipo de equipo encaja en tu casa y cómo vas a instalarlo.
La potencia se mide en frigorías por hora (una frigoría equivale a una kilocaloría por hora) o en kilovatios; como referencia, 1 kW son unas 860 frigorías. Una regla orientativa es calcular entre 80 y 125 frigorías por metro cuadrado, y ajustar según estos factores:
Por ejemplo, un dormitorio de 12 metros cuadrados suele ir bien con unos 2 000 a 2 500 frigorías, y un salón de 25 metros cuadrados con unas 3 000 a 4 500. Si dudas entre dos potencias, suele ser mejor la superior con tecnología inverter, que modula su trabajo.
Un equipo convencional trabaja a todo o nada: se enciende a plena potencia y se apaga cuando alcanza la temperatura. Un equipo inverter regula la velocidad del compresor y mantiene la temperatura de forma estable con menos picos de consumo. Ventajas: menor consumo eléctrico, menos ruido, temperatura más constante y mayor vida útil del compresor. Cuesta algo más, pero hoy es la opción recomendable en casi cualquier uso.
Muchos splits son bomba de calor: además de enfriar en verano, calientan en invierno con un consumo bastante menor que una resistencia eléctrica. Para ello se usa el rendimiento estacional SEER (frío) y SCOP (calor). Cuanto mayores sean esos valores, más eficiente es el equipo. Los aires acondicionados mantienen una etiqueta energética con escala de A+++ a D, distinta de la nueva escala de A a G de otros electrodomésticos.
Fíjate en el nivel de ruido de la unidad interior, medido en decibelios. Para un dormitorio, buscar valores bajos, en torno a 20 a 25 decibelios en velocidad mínima, marca la diferencia. Fíjate también en funciones como el modo noche, el deflector de aire regulable, los filtros y la deshumidificación.
El control por wifi y app permite encender el equipo antes de llegar a casa y programar horarios. No es imprescindible, pero ayuda a evitar que funcione sin necesidad. Los filtros lavables, el modo de autolimpieza y el temporizador son extras que se notan en el uso diario.
Un split necesita una instalación correcta: ubicación de la unidad interior, tubería, desagüe de condensados, soporte y conexión eléctrica. La instalación con gas refrigerante debe hacerla un instalador autorizado. Una mala instalación provoca fugas, ruido, goteo y pérdida de rendimiento aunque el equipo sea bueno. Pide siempre presupuesto de instalación y comprueba qué incluye.
Orientativamente, entre 2 000 y 3 000 frigorías, según el sol, el aislamiento y si hay mucha gente. Si el espacio es muy soleado o tiene techos altos, sube a la potencia superior.
Normalmente sí, sobre todo si se usa muchas horas, porque no hace tantos arranques y paradas a máxima potencia.
Entre 24 y 26 grados suele ser un equilibrio cómodo entre confort y consumo. Cada grado menos aumenta el gasto energético.
Los portátiles sí, sin obra. Los split con gas refrigerante deben ser instalados por un profesional autorizado.
Medir la habitación, decidir si quieres calor además de frío y presupuestar la instalación son los tres pasos que más ayudan a elegir bien. Con esos datos, comparar modelos es mucho más sencillo.