Bauta Electro · 2026-10-28 · 5 min

Sacas la colada limpia y, en lugar de oler a fresco, huele a cerrado, a humedad o directamente a moho. Es una queja muy común y casi nunca significa que la lavadora esté estropeada: lo normal es que se hayan acumulado restos de detergente, pelusas y humedad en algún rincón donde el agua no llega a arrastrarlos. Repasa estas causas por orden, de la más a la menos frecuente.
El pliegue de la junta de goma retiene agua tras cada lavado, y con el tiempo se forma una película oscura y viscosa que huele fuerte. Desenchufa la lavadora, tira de la goma hacia fuera y límpiala por dentro del pliegue con un paño y un producto desinfectante suave o agua con jabón. Fíjate también en monedas, horquillas o calcetines pequeños escondidos en el fondo del pliegue: se pudren y huelen.
El cajón acumula detergente y suavizante endurecidos que fermentan con la humedad. Casi todos se extraen pulsando una pestaña. Lávalo bajo el grifo con un cepillo viejo y limpia también el hueco de donde sale, porque ahí también se forma moho. Déjalo abierto cuando acabes para que se seque.
Los programas de 20 o 30 °C no disuelven del todo el detergente ni eliminan la grasa corporal que sueltan las prendas, y esos residuos alimentan las bacterias del tambor. Haz de vez en cuando un lavado en vacío a 60 °C con un limpiador específico de lavadoras (o el programa de mantenimiento si tu modelo lo trae). Consulta el manual antes de usar productos caseros como el vinagre, porque con un uso frecuente puede dañar las gomas.
Detrás de la tapa inferior suele haber un filtro que atrapa pelusas, pelos y objetos pequeños. Si está lleno, queda agua estancada que huele. Con la lavadora desenchufada, coloca un recipiente y una toalla, desenrosca el filtro, límpialo y vuelve a ponerlo bien apretado. Hazlo cada dos o tres meses.
Más detergente no significa más limpieza: el exceso no se aclara y deja una capa pegajosa en el tambor y en la ropa. Usa la dosis que indica el fabricante según la dureza del agua y la suciedad. Y al terminar, deja la puerta y el cajón entreabiertos para que el interior se airee; si cierras con el tambor húmedo, el olor vuelve en pocos días.
La clave es que el tambor, la goma y el cajón del detergente se sequen entre lavados. Al terminar, deja la puerta y el cajón entreabiertos, seca la goma con un paño y saca la ropa en cuanto acabe el programa: una colada olvidada y húmeda en el tambor genera olor en pocas horas.
Dosifica el detergente según la dureza del agua y lo sucia que esté la ropa, sin pasarte, y alterna los lavados en frío con uno a 60 °C al mes para arrastrar los restos de grasa. Limpia el filtro de desagüe cada dos o tres meses y la goma de la puerta cada pocas semanas. Con esta rutina de cinco minutos el olor suele desaparecer y no regresa.
Muchos fabricantes desaconsejan el uso frecuente de vinagre porque puede deteriorar las gomas y las juntas con el tiempo. Si quieres probarlo, consulta antes el manual de tu modelo y úsalo solo de forma ocasional. Un limpiador específico para lavadoras o un lavado en vacío a 60 °C suelen ser opciones más seguras.
Como pauta general: la goma de la puerta y el cajón, cada pocas semanas; el filtro de desagüe, cada dos o tres meses; y un lavado de mantenimiento en caliente una vez al mes. Si lavas mucho, tienes mascotas o el agua de tu zona es muy dura, adelanta esas fechas.
A veces el problema no está en la máquina sino en la colada: ropa que se queda húmeda demasiado tiempo en el tambor, cestos de ropa sucia sin ventilar o un tendido lento en una habitación sin aire. Saca la ropa nada más acabar y tiéndela dejando espacio entre las prendas.
Si después de todo esto el olor persiste, o notas agua que no se vacía del todo, conviene que lo revise un técnico. Y si tu lavadora ya tiene muchos años y los arreglos empiezan a salir caros, en Bauta Electro (Carrer Major 2, Sant Celoni) te asesoramos para elegir una nueva sin compromiso.